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Lunes, 02 Marzo 2015 15:50

¿Doulas? ¿Matronas? Ahora hablan las mamás

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He solicitado a varias mujeres que me indicaran su experiencia en sus partos y la implicación que tuvieron con una Doula, les he preguntado si han tenido quejas de ellas, si volverían a repetir con ella, si prefieren que no les acompañaran en ese momento, les pedí que si querían contar su experiencia y guardar anonimato podían hacerlo por correo electrónico, y estas han sido sus respuestas: 

Ana Carbonero Molina nos explica sus dos partos, uno con el acompañamiento con doula en el embarazao y el segundo con el acompañamiento en el embarazo y además en el parto. Sin duda sé que si  hubiera un tercero volvería a contar  con su doula 

Una doula me acompañó y me apoyó durante el embarazo y parto de Vega.

Hace cuatro años, estando embarazada de mi primera hija, Daniela, descubrí a Carol (doula). Todo comenzó porque los talleres de preparación al parto al que asistíamos Alfonso y yo no me terminaban de convencer: aquella matrona nos contaba que los partos eran todos una suma de “dos más dos”: llegas, te ponen la epidural, oxitocina por vía, te hace una rajita de nada llamada episotomía, te sacan al bebé y ya. Parecía que más que un parto, me estaba describiendo una extracción de muelas. Así que busqué en google “parto respetado gran canaria” y ahí apareció ella con sus talleres de maternidad y paternidad conscientes.

Comenzamos a ir, un poco escépticos los dos, pero seguros de que peor que la otra matrona no debía de ser… Y no pudimos estar más felices con la decisión que habíamos tomado. Descubrimos a una mujer cariñosa, una madre preocupada que nos explicó el proceso del embarazo y el parto como lo que es: un proceso natural que puede y debe ser disfrutado, con intensidad y no con miedo como nos han enseñado en las películas. Entre todas las cosas que nos contó, como los efectos secundarios de la epidural (cosa que nunca me ha explicado ningún personal sanitario en ninguno de mis dos partos), de la rotura de membranas y de maniobras desaconsejadas por la OMS como la Hammilton o la Kristeller, nos explicó lo que era una doula y su función durante el acompañamiento de la parturienta. Todos sabíamos que ella era doula, pero nunca trató de “captarnos” ni de “engolosinarnos” ni de hacernos creer que su presencia era esencial. De hecho, no vimos necesario el solicitar sus servicios.

Daniela decidió adelantar su llegada 3 semanas y fue un parto… duro. Muchas, muchísimas horas de lentísima dilatación (pasé por el turno de tres matronas diferentes) que finalmente acabaron en una cesárea de urgencia por bajo Ph de Daniela y una semana de ingreso en neonatología por haber tenido fiebre durante el parto debido a la cantidad de tactos que me realizaron. De pronto, me vi en mi habitación, sin apenas poder moverme por la cirugía mayor que había sufrido y con mi bebé cuatro plantas más abajo, al que apenas había visto unos segundos al nacer y que después de casi doce horas, apenas conocía por fotos. A todo esto, decir que tuve nula ayuda para instaurar la lactancia materna en neonatos, a pesar de que la pediatra me decía que era lo mejor para Daniela, y que la única persona que me ayudó con el agarre y me permitió tener un ratito de intimidad y de piel con piel con mi niña fue una enfermera que acudió en mi ayuda gracias a que Carol se puso en contacto con ella y le explicó mi situación.

Cuando volví a quedarme embarazada, Alfonso y yo teníamos claro de que no queríamos volver a pasar por lo mismo y, desde que pudimos, nos pusimos en contacto con Carol. Ella vino a nuestra casa para hablar, aunque ella más que hablar, escuchó. Escuchó nuestros miedos, nuestros deseos, nuestras limitaciones; qué queríamos y hasta dónde queríamos llegar. Estuvo cerca de dos horas en casa y de ellas, apenas hablamos del parto media hora. El resto del tiempo estuvimos hablando de otras cosas relacionadas con la maternidad, como si fuéramos dos buenas amigas y no dos personas cerrando un contrato.

Según se iba acercando la fecha de parto, empecé a sentir presiones por parte del personal sanitario. No estaba ni de 37 semanas (un embarazo suele durar 40) y ya me estaban insinuando que si no me ponía de parto sola, me tendrían que volver a hacer otra cesárea porque no me lo podían inducir por riesgo de que se me rasgara el útero. Incluso me dijeron que fuera desde ya a la clínica para hacerme las pruebas con el anestesista y que no me dejara ir. Obviamente, comencé a ponerme nerviosa y a vivir cada día “de más” de mi embarazo con angustia, y fue ahí cuando comenzó el trabajo de Carol. Vía Whatsapp le comentaba mis miedos y ella me hacía ver la realidad: un embarazo dura 40 semanas; hasta que no lleguemos a la semana cuarenta, no pienses en cesáreas ni en inducciones. Mientras tu ginecóloga te diga que tu bebé está bien, las ecografías estén bien y tú estés bien, no hay motivos para pensar en que no te puedas poner tú sola de parto. Relájate y disfruta de tu embarazo.

Una tarde, estando ya de 38 semanas, quedamos en una terracita para tomar algo. Mi ginecóloga estaba preocupada porque aún no mostraba contracciones y me volvía a recordar que tenía que pasar ya por la clínica. Hablé con Carol y ella me cogió de la mano y me dijo: “Ana, ¿y tú qué es lo que quieres”. Yo lo único que quería era poder parir a Vega por mí misma y no volver a pasar por otra cesárea (las que han pasado por una comprenderán perfectamente por qué) ni volver a tener a otra hija días ingresada sin poder apenas verla cada tres horas. Carol me dijo que me pusiera un tope, un límite hasta el que YO estaba dispuesta a esperar y YO DECIDÍ que esperaría hasta la semana 40 para empezar a valorar el inducirme el parto.

Al día siguiente fui a revisión con mi ginecóloga y, tras confirmar que todo estaba perfectamente, se lo hice saber. No quería saber nada de inducciones ni cesáreas hasta la semana 40 y que quería pasar esos últimos diez días tranquila y sin esas preocupaciones que no tenían razón de ser en aquel momento. Mi gine, finalmente accedió a dejarme esos días de tregua y que “ya veríamos lo que pasaba”. He de decir que ese día salí de la consulta pletórica, empoderada hasta la médula. Recuerdo caminar por la calle y hasta la barriga había dejado de pesarme. Me sentía ligera y fuerte. Un campeona.

Y, ¡qué curioso! Al día siguiente comencé a tener contracciones suaves y rítmicas. Pasé esas primeras horas tranquilas con Alfonso y con Daniela, llegó la noche y estuve varias horas sola, tranquila en el salón viendo una película mientras mi marido e hija dormían plácidamente en la habitación. Bien entrada la madrugada, las contracciones pararon y me reuní con ellos. Al día siguiente comenzaron de nuevo, suaves pero igualmente rítmicas, así que llamé a mis padres para que se llevaran a Daniela porque no iba a poder atenderla como quisiera, y estuvimos todo el día Alfonso y yo tranquilamente, relajados, disfrutando, hablando, riendo felices, dándome masajes, escuchando música chill out que había preparado especialmente para la ocasión.

Cuando las contracciones se volvieron intensas, llamamos a Carol, quien se plantó en nuestra casa en veinte minutos y, ¿qué hizo? Pues, simplemente, estar ahí. Se preocupó de que estuviera cómoda, de que me relajara, de que me dejara llevar. Me ofrecía agua si veía que tenía sed, me ofrecía comida si veía que llevaba demasiadas horas sin haberme llevado nada a la boca… y si veía que no necesitaba nada, simplemente desaparecía y nos dejaba a Alfonso y a mí solos. No sólo se preocupó acompañarme a mí, sino también a mi marido, una persona que se pone nerviosa con sólo nombrarle la palabra “hospital”. Cuando yo dormía, ella estaba con él e, incluso, le animó a que se echara una siesta para que pudiera descansar después de tantas horas despierto, mientras ella se quedaba conmigo en un momento en que las contracciones me dieron tregua. En ningún momento Carol apartó a Alfonso de mi lado ni lo excluyó, sino que hizo todo lo posible porque fuera parte activa de todo el proceso.

Cuando las contracciones apenas me daban respiro, fue ella la que sugirió que ya podríamos ir al hospital y fue ella la que me ayudó a bajar al portal mientras Alfonso bajaba todas las cosas al coche a la carrera. Fue ella la que entregó toda mi documentación en el registro de la clínica mientras yo era subida al paritorio y Alfonso buscaba sitio para aparcar el coche y subía inmediatamente para estar de nuevo a mi lado. Cuando en el paritorio nos dijeron que sólo podía tener un solo acompañante, fue ella la que salió sin decir absolutamente nada, despidiéndose porque ya no podía hacer nada más desde la sala de espera. Y fue ella la que volvió dos horas después, a las 4 de la madrugada, porque se enteró de que Alfon había salido del paritorio porque le había dado un yuyu y no quería que yo estuviera sola ahí dentro. Y, además, fue ella la que, con voz fuerte y segura, me hizo saber que estaba ahí, conmigo, contestando “POR SUPUESTO QUE LO VA A PARIR” al ginecólogo que puso en duda si sería capaz de hacerlo. Ella fue la que me sujetó la mano y me dijo: “Ya casi está, puedo verle la cabecita” porque ninguno de los 4 profesionales sanitarios que estaban ahí fue capaz de decirme si faltaba mucho, poco o nada para darme ánimos.

Mi doula nunca me juzgó, mi doula nunca me cuestionó, mi doula nunca me impuso y, lo más importante, MI DOULA NUNCA DUDÓ DE MÍ.


Encky Carrizo Martínez me cuenta la suya, además de las diferentes experiencias con diferentes matronas (como en todas las profesiones hay quien hace bien su trabajo y quien no) 

 

A mí me tocó una matrona bastante incompetente para el seguimiento del embarazo (nada que ver con el matrón que teníamos antes aquí). En una ocasión me mandó a urgencias sólo para que me hicieran el "triple screening". Y de seis clases de preparación que tendría que haber tenido sólo se presentó a dos. No te digo más. Sin embargo las dos matronas que me atendieron en el parto fueron geniales. Eso sí, tuve algún problema con la lactancia que NADIE supo solucionar. Ni la matrona, ni la pediatra, ni el médico en atención primaria. Tuve que buscar ayuda por mi cuenta. Encontré una doula (experta en lactancia) que fue la única que supo orientarme. Si no hubiese sido por ella...!!! De hecho, posiblemente recurriré a ella para informarme sobre la alimentación complementaria también. Un saludo!!

 

 


Yanira Navarrete Martin no tiene problemas en publicar sus experiencias en dos partos totalmente distintos, siendo ella enfermera después de su primera experiencia sin doula quiso que en su segundo parto no la acompañara una doula, sino DOS.  

 

En el nacimiento de mi primer hijo (hace 4 años) fui a un hospital supuestamente respetuoso,con plan de parto en mano,que mi matrona seguramente ni se leyó,ya que si hubiera sido así no me habría roto la bolsa, no me habria puesto en litotomia y no me habría hecho una kristeller, y desde luego tampoco habria amenazado con llamar al ginecólogo si no empujaba mas (y mira que el ginecólogo viene con los forceps,no se anda con tonterias) Por suerte me libré de la episiotomia en un momento de lucidez (parí sin epidural por elección,así que ya estaba bastante agotada y digamos que descontrolada por el dolor y la Matrona,lejos de ayudarme a encontrar formas y posturas para aliviar el dolor,pasó de mi) Segundo hijo,hace ya un año. Acompañada de dos DOULAS amigas mias,que sabían cuales eran mis necesidades,lo que yo quería y necesitaba en mi parto para sentirme respetada. Desde el momento en el que me puse de parto velaron porque todo fuera como yo deseaba,me acompañaron, me ayudaron con todo,sentí mas calma con sus palabras que con cualquier otra cosa. Debo decir también que el lugar se prestaba a un parto respetado (Clinica acuario) y que mi matrona,también conocida, hizo su trabajo a la perfección, es decir,no intervino nada más que para lo necesario y me apoyó en todas mis decisiones. Respetó que en el parto estuvieran mis doulas,mi marido y después mi hijo mayor. Es más, es partidaria de que las parturientas cuenten con doulas, sabe,al igual que la OMS,que su presencia reduce el intervencionismo y favorece el parto natural,evitando muchas distocias. Mi marido y yo agradecemos a nuestras dos magnificas doulas su presencia. 
Yanira Navarrete (enfermera)


Ambas partes (doulas y matronas) han hablado en general sin especificar de quién se habla, creo que no se puede denunciar a un colectivo por lo que hacen algunos y mucho menos hacerlo sin especificar quienes son esas. Yo he hablado con las madres, les he preguntado sobre sus propias experiencias y estas han sido sus respuestas.
Y ahora me pregunto yo: Si las experiencias sin doulas les han llevado finalmente a buscarlas ¿será que es necesaria esta figura? Si después de haber contado con la compañía de una doula la sensación es de agradecimiento y de sentir que las cosas se han hecho bien, pese a las circunstancias, ¿por qué tanto revuelo? 
Por último quiero contar mi historia. 
Yo no me informé en mi embarazo, confiaba en los profesionales de la salud, acudí a las clases de preparación al parto con un matrón que decía que no era necesario poner al bebé (después de haber sufrido en el parto) al pecho pues eso era poner presión a ambas partes, mejor esperar a que estuvieramos en la habitación "solos". Fui a consulta de suelo pélvico y de pechos antes de parir para que me dijera que tenía el pezón plano y que seguramente no podría amamantar a mi bebé (quizás con pezonera...). Me indujeron el parto sin esperar nisiquiera 24 horas después de una minifisura, no me comentaron los efectos que conlleva la oxcitocina sintética, pedí la epidural (tampoco nadie me comentó cuales eran sus consecuencias), cuando ya estaba dilatada, sólo llegué a empujar 2 veces, noté un vacio en mi barriga y mi bebé ya estaba fuera (episotomía y ventosa sin informar). Me obligaron a darle un beso pero no me dejaron coger a mi pequeña... se la llevaron a hacerle pruebas, la vistieron y le dieron un biberón al padre para que se lo diera porque tenía la glucosa baja. MIentras me cosían (No se cuantos puntos porque no me quisieron decir aunque pregunté) muerta de frio, mi peque estaba en la habitación con mil familiares,dando voces y de brazo en brazo. No conocía la figura de la doula, pero como hubiera cambiado la historia si ahí hubiera estado.... 
Así que por mi parte todo el apoyo a esas personas que se dedican a acompañar a familias, tengan el denominativo que tengan: Doulas, Asesoras Continuum, Asesoras de maternidad, Asesoras de lactancia, prima,vecina, o amiga... 

Si quieres contarme tu experiencia hazlo en los comentarios ¡Me encantará leerte!

Visto 1344 veces Modificado por última vez en Martes, 03 Marzo 2015 14:08

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